El proyecto plantea la creación de un museo que une dos mundos aparentemente opuestos: la música, etérea e inmaterial, y la cerámica, terrestre y tangible. Esta dualidad da lugar a una propuesta que integra ambos conceptos mediante una arquitectura fragmentada en volúmenes independientes sobre un basamento común.
La idea principal gira en torno a cinco conceptos clave:
El recorrido del museo se organiza en una circulación descendente, que comienza en la cota más alta y finaliza en el “jardín colgante”, un espacio abierto para eventos y contemplación. Se combinan recorridos interiores (accesibles con rampas suaves del 6%) y exteriores (un paseo perimetral que conecta distintos puntos sin necesidad de entrar al museo). En niveles inferiores se ubican áreas de administración, almacenes y servicios, conectados mediante ascensores y montacargas.
La luz natural tiene un papel protagónico: en las salas de instrumentos musicales se emplea de forma indirecta y simbólica, evocando la inmaterialidad del sonido. En cambio, en las salas de cerámica se privilegia la luz cenital, resaltando texturas y colores.
El paisaje es tratado con una fuerte intención integradora. Se respeta el contexto natural y urbano, y se utiliza el ciprés como elemento vegetal característico, aportando verticalidad en contraste con la horizontalidad del edificio. Estos árboles se distribuyen estratégicamente en patios, límites del solar y accesos.
Finalmente, la materialidad refuerza la idea del proyecto: el uso del hormigón y la cerámica remite a la tierra, mientras que el tratamiento de la luz sugiere la presencia de la música. Esta fusión entre función, forma y simbolismo da lugar a una arquitectura sensible, contextual y coherente con la identidad cultural de Cáceres.
Ciudad
Cáceres
País
España