Museo para albergar la Coleccion Helena Folch-Rusiñol

El proyecto plantea la creación de un museo que une dos mundos aparentemente opuestos: la música, etérea e inmaterial, y la cerámica, terrestre y tangible. Esta dualidad da lugar a una propuesta que integra ambos conceptos mediante una arquitectura fragmentada en volúmenes independientes sobre un basamento común.

La idea principal gira en torno a cinco conceptos clave:

  1.  Contextualización: el edificio dialoga con su entorno mediante volúmenes fragmentados y texturas que respetan la escala urbana de Cáceres.
  2. Unidad tipológica: el uso de una plataforma o «plinto» estructurante organiza los distintos espacios y crea una relación directa con la topografía del terreno.
  3. Patios interiores: estos vacíos articulan los recorridos, permiten el paso de luz natural y enriquecen la experiencia espacial.
  4. Adaptación topográfica: el edificio se acomoda a la pendiente del terreno (oeste-este), facilitando accesos diferenciados y recorridos naturales.
  5. Tratamiento de cubiertas: concebidas como una «quinta fachada», se resuelven con materiales unificadores (hormigón y cerámica), evitando elementos exógenos.

El recorrido del museo se organiza en una circulación descendente, que comienza en la cota más alta y finaliza en el “jardín colgante”, un espacio abierto para eventos y contemplación. Se combinan recorridos interiores (accesibles con rampas suaves del 6%) y exteriores (un paseo perimetral que conecta distintos puntos sin necesidad de entrar al museo). En niveles inferiores se ubican áreas de administración, almacenes y servicios, conectados mediante ascensores y montacargas.

 

La luz natural tiene un papel protagónico: en las salas de instrumentos musicales se emplea de forma indirecta y simbólica, evocando la inmaterialidad del sonido. En cambio, en las salas de cerámica se privilegia la luz cenital, resaltando texturas y colores.

El paisaje es tratado con una fuerte intención integradora. Se respeta el contexto natural y urbano, y se utiliza el ciprés como elemento vegetal característico, aportando verticalidad en contraste con la horizontalidad del edificio. Estos árboles se distribuyen estratégicamente en patios, límites del solar y accesos.

Finalmente, la materialidad refuerza la idea del proyecto: el uso del hormigón y la cerámica remite a la tierra, mientras que el tratamiento de la luz sugiere la presencia de la música. Esta fusión entre función, forma y simbolismo da lugar a una arquitectura sensible, contextual y coherente con la identidad cultural de Cáceres.


Ciudad
Cáceres

País
España

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